Exige tu derecho a reparar

(también los productos tecnológicos)

 A todos nos ha pasado. Se nos ha estropeado un electrodoméstico, un ordenador o la televisión, y al intentar llevarlo a reparar ha sido imposible. Pero ahora, todo va a cambiar. El pasado 1 de marzo entró en vigor la legislación europea del llamado "Derecho a reparar". ¿Qué supone esta nueva legislación? ¿Cómo te afecta?

"Con lo que cuesta el arreglo, es mejor que compre uno nuevo" o bien "se le ha estropeado una pieza que ya no se fabrica y va a ser difícil repararlo". Seguro que, alguna vez, al intentar reparar un producto tecnológico te has encontrado con una de estas respuestas. Esta situación, que se produce en casi cualquier aparato electrónico, ha ido creciendo de forma paulatina en los últimos años ya que somos muy dependientes de una tecnología que evoluciona de manera cada vez más rápida. Sin ir más lejos, los fabricantes de Smart TVs o los de smartphones, renuevan sus catálogos de producto varias veces al año, por lo que los lanzamientos presentados a principios de año quedan anticuados al finalizar el mismo. Al consumidor se le bombardea diariamente con nuevos productos que le incitan a cambiar de lavadora o de televisión. Ya no es sólo una estrategia de marketing, sino que, una vez pasado el tiempo, dejan de dar servicio a modelos antiguos y de fabricar componentes por lo que se produce el famoso, "le sale más rentable comprar uno nuevo".

Pero esto ha cambiado con la entrada en vigor del llamado "Derecho a reparar". Con esta nueva normativa europea se obliga a los fabricantes de máquinas como lavadoras, smart TVs, lavavajillas o frigoríficos, a garantizar que cualquier producto que salga al mercado pueda ser reparado durante 10 años.

Pero no se queda ahí la normativa, sino que va más lejos. La propuesta de la UE pasa también porque pueda ser el propio usuario el que, si tiene conocimientos, pueda reparar por él mismo el producto y para ello, el fabricante le tiene que poner los menores impedimentos posibles. Por el momento, la legislación comunitaria sólo afecta a este tipo de productos ya que se entiende que los grandes electrodomésticos son más sencillos de reparar ya que el usuario puede tener acceso al interior de los mismos. Esto es algo que no sucede con portátiles, tabletas o smartphones que en muchas ocasiones vienen sellados y por tanto, es obligatorio ir a un servicio técnico para que, simplemente, lo pueda abrir. Pero el pasado 10 de marzo, la Comisión ya anunció que esa legislación también se va a ampliar a estos otros dispositivos.

Una industria muy contaminante

El derecho a reparar, efectivamente, favorecerá que los productos electrónicos tengan una mayor duración y por tanto, al usuario le resultará más rentable económicamente la adquisición de un producto ya que alargará su vida útil. Se quiere conseguir que nos pensemos mucho adquirir un nuevo producto cuando lo podemos reparar y así reducir los residuos electrónicos. Porque la industria tecnológica y de la electrónica es una de las más contaminantes. La cantidad de residuos electrónicos, además, sigue aumentando año tras año siendo los que más crecen de toda la tipología de residuos y alcanzan los 50 millones de toneladas, lo que equivale a unas 4.500 Torres Eiffel. A ello, hay que sumarle que sólo se recicla entre un 15 y un 20% de todos ellos, una cifra irrisoria si se compara con otros sectores.

comercializados en la UE estén diseñados para durar más, que sean más fáciles de reparar y actualizar, más sencillos de reciclar y más viables de reutilizar". Sin embargo, para que este modelo alcance a todos los productos electrónicos debe alcanzar el rango de Ley y para ello hay que poner de acuerdo a los 27. Es decir, todo el proceso todavía se puede alargar durante unos cuatro años más. Pero cuenta con un punto a favor que es la concienciación de la sociedad, cada vez más comprometida con la sostenibilidad, pero, sobre todo, harta de tener que comprar, por ejemplo, un móvil nuevo porque el suyo, una vez que se le ha acabado el periodo de garantía empieza a fallar y, o bien el coste de la reparación es muy elevado, o bien no se puede reparar. Así que el comisario se apoya en un estudio que indica que dos tercios de los ciudadanos europeos quieren que sus dispositivos electrónicos les sirvan durante más tiempo. Ese mismo informe señala que los usuarios exigen indicaciones más claras sobre la vida útil de un producto, que las reparaciones puedan ser realizadas por el propio usuario o que los repuestos se puedan encontrar de forma más sencilla.

Obsolescencia programada

Uno de los problemas de toda la industria tecnológica, sobre todo de la electrónica de consumo, es la denominada obsolescencia programada. En el caso de los smartphones es algo sangrante. Según un informe de la American Journal of Engeineering Research, la industria del smartphone ha estado utilizando la obsolescencia programada como uno de los pilares de ^ f s de ventas y es uno de los motivos por el que a casi el 50% de los usuarios su smartphone le dure como mucho dos años. De hecho, solo al 9% les     il tres años.

Los fabricantes dicen para defenderse que los terminales más modernos consumen mucha menos energía, pero lo cierto es que un móvil no es una nevera o un horno y el consumo energético de un smartphone es insignificante. Da igual si el móvil tiene diez años o diez días. Lo que no es irrelevante es la basura electrónica que se genera cada vez que decidimos cambiar nuestro teléfono. Una basura que, ocupa menos que los neumáticos, pero que es infinitamente más contaminante y que de seguir al ritmo actual alcanzará los 120 millones de toneladas anuales en 2050 desde los 50 millones actuales tal y como se afirma desde la ONU. Todo ello, sin contar con que para fabricar un smartphone o un ordenador se necesitan obtener metales específicos que se extraen de minas y que suponen incrementar de forma muy importante la huella medioambiental.

Son numerosos los fabricantes que han hecho de la obsolescencia programada una estrategia, con una firma que lidera las demandas: Apple. Por ejemplo, la firma de la manzana llegó a un acuerdo con la Justicia norteamericana y pagó 500 millones de dólares para evitar el sonrojo de ir a un juicio en el que se pusiera de manifiesto que empeoró de forma deliberada el rendimiento de las baterías de sus iPhones para que los usuarios tuvieran que ir a un servicio técnico oficial para reemplazarla o, directamente comprar un teléfono nuevo. La propia Apple y la coreana Samsung, tuvieron que hacer frente a sendas multas por parte de le Comisión del Mercado de la Competencia de Italia hace un par de años por "introducir actualizaciones en sus teléfonos móviles que causaron graves fallos y redujeron significativamente su funcionamiento, acelerando así su sustitución por productos más recientes". Además, unas asociaciones de consumidores de Italia, España, Portugal o Bélgica han anunciado o van a anunciar en breve demandas contra la multinacional por este motivo.

Pero gracias a la nueva normativa del "derecho a reparar" y otras iniciativas similares, los fabricantes empiezan a ser conscientes de que la obsolescencia programada tiene los días contados. De hecho, la propia Apple ya ha desarrollado su propia hoja de ruta para un desarrollo sostenible entre las que se encuentra la apuesta por el uso de energías sostenibles o el uso de materiales reciclados en todos sus productos. El resto de empresas del sector TIC también tienen planes relacionados con la sostenibilidad y fabricantes de ordenadores, impresoras o la industria del software entre otras, tienen al medioambiente como uno de los pilares de su estrategia. Poco a poco, se va avanzando.

MANUEL NAVARRO

Dirijo la revista Byte TI (www.revistabyte.es). Llevo más de 20 años ha blando sobre tecnologías para la empresa y las Administraciones Públicas y la importancia que tiene la digitalización en el desarrollo de la sociedad.

https://blog.signus.es/exige-tu-derecho-a-reparar-electronica/

Somos cyborgs

Somos cyborgs

Por Juan Carlos Quiroga 2-04-2021

Una mezcla de biología y cibernética, que, en su definición, la parte tecnológica es para mejorar o aumentar las capacidades asistidas.

En la actualidad se confunde servomecanismo con robotización.[1]

Muy sutilmente, los robots van reemplazando nuestros espacios, aquello que nosotros dejamos vacíos, nuestro entorno está continuamente suplementado por algoritmos.

Cuando el humano falla en la implementación de una tarea, aparece un robot.

Desde 1969, en los inicios de UNIX, el predecesor de LINUX, están presentes los primeros algoritmos autónomos, que los programadores de este sistema denominaron: DEAMONS (Demonios), pequeñas subrutinas que ejecutan tareas repetitivas y de control, predecesoras de los virus de software. Los diferentes sistemas operativos que interpretan nuestras máquinas, tienen un origen común que es el lenguaje C, que es a su vez un intérprete del ASSEMBLER interno de los procesadores, o sea los sistemas traducen al humano para escribir el programa, esto incluye, en el proceso, DEAMONS. Cabe aclarar que todos son sincrónicos, con un reloj base de tiempo, porque alguna vez hubo el intento de un procesador asincrónico, que desapareció rápidamente de todos los medios.[2]


Un semáforo es un robot, hace una tarea repetitiva sin asistencia humana, un sistema de turnos bancario, es un algoritmo-robot que ejecuta una tarea aun más complicada, da un turno a las personas de acuerdo a su trámite, condición con el banco, y hora de llegada, controla que se asigne a quien corresponda, controla los tiempos de atención, y la celeridad del empleado en esta tarea. Este último robot adquiere importancia, porque viene a llenar un espacio, que socialmente dejamos vacío, la empatía, poco a poco la tecnología nos hizo más desconsiderados con el otro, nos refugiamos en las redes sociales donde encontramos un espacio mas confortable para nuestro ego, porque en este entorno nos permitimos elegir quien nos gusta o no, a través de buscar más me gusta y reenvíos, fortalecemos nuestra autoestima, en forma silenciosa y sin contacto, en una virtualidad adaptada por algoritmos-robots que nos convencen de estar mejor.

Cuando esperamos un turno en cualquier entidad bancaria, los empleados nos ven sentados y prácticamente nos ignoran, hasta que nos toca conversar con ellos, que en la mayoría de los casos nos atienden con una formalidad fría, protocolar, reglamentaria, sin ahondar en nuestras necesidades personales, sin buscar soluciones que se adapten a nuestras necesidades particulares, es más un asistente robotizado telefónico quizás nos brinde más afecto que el empleado humano. Sin embargo, si a este mismo empleado lo contactamos por alguna red social informática, su actitud será diferente, tenemos incorporado un DEAMON (algoritmo) que mejora nuestra capacidad de comunicación, a gusto del sistema.



¿Dónde caerán las próximas automatizaciones?

Basados en este principio, es fácil adivinar donde van a aparecer los siguientes robots.

En las comisarías o dependencias judiciales de atención al público, en las salas de emergencias médicas. Cuando uno va a hacer una denuncia, muchas veces se encuentra ante una fila de entre cinco a diez personas, atendidas por un escribiente que esta medianamente preparado para escuchar e interpretar lo que va a escribir en la denuncia o declaración, en la fila puede haber diferentes necesidades, denuncia por robo, denuncia por accidente, denuncia por amenazas y/o violencia, denuncias por amenaza inmediata de homicidio, todas van a ser tratadas de la misma forma, aunque requieran diferente celeridad, porque hemos perdido la empatía, y la consideración, nadie va a salir a preguntar el nivel de urgencia para clasificar la atención, porque no estamos preparados, nunca lo pensamos de esta forma para implementarlo, y el tiempo-remuneración de los agentes tiene ese límite.

En las salas de emergencia igual, (únicamente en las series médicas es diferente), puede ir una persona con una fractura, un dedo lastimado, una hemorragia interna, o un paro cardíaco, que va a ser atendida en el turno que llegue, nadie va a salir a preguntar/diagnosticar.

En cambio, un robot consulta a cada persona que llega su situación, y la deriva automáticamente donde corresponde, suplantando la virtud humana de la empatía con el otro.

Hay que aclarar que esta robotización implica desempleo y aislamiento humano.



[1] Servomecanismo es un sistema asistido por humanos sin decisión propia, Robotización implica total autonomía humana

[2] Los sistemas asincrónicos tuvieron un inicio incipiente en la década del 80, pero requería de una programación diferente, más parecida a un pensamiento humano, aunque más poderoso.